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Miércoles, 07 de Julio de 2010 09:10   
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Un ‘Rastro’ de Madrid con historias para todos los públicos

Madrid

rastroEl centro de la capital amanece los domingos y festivos convertido en un mercadillo urbano.

NATALIA PULIDO

Una, dos y tres, lo que usted no quiera para el Rastro es, recuerdan algunos tenderos esta letra que dedicaba el cantautor español Patxi Andión en los años 70 del siglo XX a esta venta ambulante que se realiza, y se expande como una tela de araña, tan sólo los domingos y festivos del año. Se trata del Rastro de Madrid, un mercado que reúne a miles de comerciantes en torno a las calles del centro histórico de la capital, donde, a partir de las 7.00 horas, los mercaderes comienzan a montar sus puestecitos, en los que exhibirán los diferentes productos ante los ojos de un público que pasea curioso.

Lámparas, sábanas, abanicos, discos de vinilo y ropa de todo tipo, entre otras cosas, envuelven la calle de Ribera de Curtidores, conocida como la vía principal del Rastro madrileño, y las adyacentes a ésta (metro Embajadores, Puerta de Toledo, La Latina o Tirso de Molina). Su origen es muy difícil de precisar. “Sólo te digo que mi bisabuelo hace 115 años que tenía este puesto de ropa de segunda mano una calle más para abajo”, indica un vendedor a Sí. A fi nales del siglo XV empezaron a instalarse en esta zona los mataderos y los curtidores de pieles, de ahí el nombre de la calle.

“Cuentan que se arrastraban las reses muertas desde el matadero hasta las curtidurías y que se quedaba un rastro de sangre, por eso se conoce como el Rastro, pero nosotras llevamos aquí desde 1975, cuando empezaron a ponerse casetas de partidos políticos y se liaba cada una que no veas”, cuentan dos tenderas que venden grabados. Alrededor de las 9.00 horas comienza la venta. “Vestidos sólo para las mujeres bonitas”, grita un comerciante a la multitud que empieza a abarrotar las calles con la ansiedad de verlo todo y no perderse ni un detalle.

“No es un lugar para darte un paseo tranquilamente”, sonríe Yana Spavalova, que viene de Bulgaria a estudiar a Madrid, donde lleva nueve meses y ya es la segunda vez que visita el Rastro. “Aquí puedes encontrar todo lo que necesitas y todo lo que no necesitas también”, bromea. “Hoy he venido a comprar regalos para mis amigos y familiares porque me marcho a Bulgaria de vacaciones y aquí puedes gastar poco dinero y llevarte muchas cosas”, explica en compañía de su amigo Alonso Arzuza, que llegó de Colombia hace ocho años. “Lo que más me gusta es la variedad de cosas que hay, siempre te gusta algo, sobre todo me suelo comprar ropa que no encuentro en ningún otro lugar y me gustan mucho las cosas de cuero, bolsos o mochilas”, cuenta a Sí Arzuza.

UN LUGAR DONDE DISFRUTAR DE LA GENTE

“Me gusta mucho el Rastro porque cada domingo conozco a gente nueva y me encanta hablar con todo el mundo. Aquí veo todo lo más bonito de Madrid”, bromea Alindo García, que llegó de La Habana hace 20 años. Apoyado en una de las barras de hierro del puesto de su amigo, al que está ayudando hoy, saluda a unos conocidos que suben mercancia para la tiendecita ambulante de al lado. “Hoy estoy echando una mano a un amigo que trabaja todo lo relacionado con el cuero”, explica. Komule Ba coincide con García en que el ambiente del Rastro “es inmejorable”.

“Empecé aquí a vender con la manta, pero conocí a Rosi (una tendera) y me dijo que si quería podía echarle una mano los domingos con su puesto”, cuenta este senegalés que llegó a España hace 19 años. “Cada festivo conozco a gente nueva con la que hablo y comparto historias de su país y del mío”, sonríe mientras atiende a la clientela. A las 15.00 horas, las furgonetas empiezan a pedir paso a los viandantes porque ya es hora de recoger “los chiringuitos”. Ya ha pasado otro domingo más escrito en la historia, otro día que culmina en los bares de la zona.

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