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Jueves, 26 de Agosto de 2010 07:59   
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"La democracia no necesita salvadores de turno"

España

maiestasEntrevista con MARTÍN SANTIVÁÑE, director del Center for LA Studies. Fundación Maiestas.

JÉSSICA MARIDUEÑA G./Madrid

La Fundación Maiestas nació en 2007 y ha logrado agrupar a destacados profesionales de distintas materias con el objetivo de promover la integración social y transformar la sociedad en un lugar de respeto y convivencia. Uno de sus más destacados miembros es el peruano Martín Santiváñez, responsable del Proyecto Desol, pensado especialmente para los países de origen de los inmigrantes residentes en España y del que habla para Sí.

¿Qué es y por qué nace el Proyecto DESOL? En América Latina, o defendemos la democracia, o nos enfrentaremos a la crónica de una muerte anunciada. Las democracias latinoamericanas tienen que superar amenazas gravísimas que buscan distorsionar normas y libertades con el fi n de instaurar un proyecto fi lo-comunista totalitario, de raíz castrista. El mesianismo bolivariano no ha cesado. Por eso nace el Proyecto Desol. En momentos difíciles para los demócratas, creemos que es imprescindible presentar batalla, ayudar al fortalecimiento de las instituciones, defender el Estado de Derecho, las libertades políticas y empresariales. Creemos en un modelo que ha demostrado ser efi - caz en todo el mundo: el de la libertad. Eso es Desol, una iniciativa que busca aportar su granito de arena para la construcción de un mundo más libre y solidario, trabajando con los medios de comunicación y con los líderes de Latinoamérica donde quiera que ellos estén. También con los liderazgos latentes en el universo de la inmigración.

¿Cómo se puede mejorar en la lucha contra la corrupción en Iberoamérica? Hace falta, entre otros factores, una reforma educativa real, que permita generar una cultura de emprendimiento en libertad. La crisis latinoamericana forma parte de la crisis mundial. Hace casi cien años, un pensador peruano, Víctor Andrés Belaúnde, habló de una “crisis moral” que todo lo corroía. Hoy, la corrupción se ha convertido en uno de los grandes problemas de la región e, infelizmente, una de sus señas distintivas. No basta, para erradicarla, crear los mecanismos adecuados mediante modernas técnicas legales. Es un paso, pero nada más. Estoy convencido de que debemos retornar a la promoción de los valores, mediante la educación de las nuevas generaciones.

¿Cuán difícil es construir democracias “sólidas y solidarias”? Las barreras para el fortalecimiento democrático son absolutamente artifi - ciales porque responden a necesidades cortoplacistas, no a políticas de Estado. Las sociedades latinoamericanas otorgan a diversos caudillos populistas un mandato concreto para salir del subdesarrollo, que pronto es traicionado. A la par que se cae en los viejos errores del populismo latinoamericano, se intenta implementar una economía socialista inviable en nuestro medio. Latinoamérica se entrega, por desesperación, al cáncer bolivariano. Y de ello somos responsables todos: las élites económicas, por haber fracasado durante dos siglos en conseguir la prosperidad de nuestros pueblos; la intelligentsia, por vivir de espaldas al continente, teorizando sobre problemas fútiles e ideologías extrañas a nuestro medio, y los partidos políticos, porque se han entregado al sectarismo y la partitocracia, convirtiéndose en argollas coyunturales o cárteles de infl uencia sin arraigo popular. Para construir democracias sólidas y solidarias hay que refundar la política latinoamericana. Tenemos que forjar instituciones efi cientes, formar a los funcionarios capaces de llevar adelante un proyecto nacional. Una democracia real, no formal, es una democracia institucionalizada, capaz de conjurar los peligros externos con sus propios medios y enfrentarse a sus propios demonios sin necesidad de apelar a cesarismos autoritarios. La democracia no necesita salvadores de turno. La democracia precisa de instituciones, ciudadanos, leyes que se cumplan.

¿Cumplen los líderes iberoamericanos con cambiar sus democracias? En algunos casos sí, pero lo cierto es que Latinoamérica se enfrenta a una disyuntiva formidable en su historia: o se consolida como un continente libre o continúa siendo un enclave fácil para la demagogia política. Creemos que los medios de comunicación actúan como agentes de primer orden en la transmisión de los valores democráticos y en el control de los políticos. Por eso, el proyecto trabaja con varios de los más importantes diarios del continente, difundiendo los valores de libertad y solidaridad. ¿Los inmigrantes pueden ayudar? Deben ayudar. Los que hemos tenido el privilegio de constatar en sociedades desarrolladas las bondades de una democracia que se despliega en libertad tenemos el deber de colaborar con la institucionalización de nuestras sociedades. Estoy convencido del papel fundamental que jugarán los inmigrantes en el futuro de Latinoamérica. Política, social y económicamente. También es importante que los españoles comprendan que la inmigración transformará esta sociedad, creando una síntesis viviente de culturas. Es natural, además, que los inmigrantes, tarde o temprano, como en los mayores países del mundo, adquieran un espacio de poder político y aprendan a utilizarlo. Todo ello es bueno para la democracia. Es bueno para Latinoamérica, y es estupendo para el futuro de España.

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