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Martes, 07 de Septiembre de 2010 08:55   
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Georgiana Raduinea, la inmigrante rumana más guapa de España

Cultura

miss-rumania-georgiana-raduinea Esta estudiante de Relaciones Públicas ganó el capítulo ibérico del certamen Miss Diáspora 2010.

ISRAEL REVILLA

Georgiana Raduinea tiene 22 años y reside en la localidad madrileña de Coslada. Llegó a España hace cuatro años y estudia Relaciones Públicas, además de ganarse la vida como bailarina en discotecas, azafata y modelo ocasional, y es que belleza le sobra. Su intensa mirada de ojos marrones y su espiritualidad le han ayudado a convertirse en la inmigrante rumana más guapa de España, como quedó demostrado al ganar el capítulo ibérico del concurso de belleza Miss Diáspora celebrado el pasado 18 de julio en Madrid. Ese triunfo le permitió representar a sus compatriotas de España en la fi nal mundial de este certamen de belleza, celebrada en Rumanía el pasado 15 de agosto y en el que participaron 23 chicas procedentes de diversos países. Allí no pudo coronarse como la más guapa, pero poco le importó a Georgiana, de carácter extrovertido y mirada profunda. Era lo de menos. A sus 22 años, no da importancia a esto, como cuenta a Sí. No era lo principal. “Quería representar lo mejor posible a la comunidad rumana de España porque la gente piensa muy mal de los rumanos, pero hay de todo, gente muy mala y otra buena. Debemos cambiar esa imagen”, considera. Difícil adaptación En ningún momento se planteó presentarse a Miss Diáspora Iberia.

De hecho, ni tan siquiera sabía que existía este evento, que lleva ya seis ediciones. Su vida transcurría plácida entre bailes, posados y jornadas en congresos, aunque su aterrizaje en España fue “muy, muy difícil”, sobre todo por el idioma. “En Rumanía las chicas aprenden a hablar castellano porque ven las telenovelas. Sin embargo, a mí no me gustan. Además, cuando decía que era de Rumanía, como los españoles tienen mala impresión de nosotros, pasaban de mí y no tenía amigos”, cuenta. Tuvo que aprender el idoma trabajando como camarera para mostrar la bondad del carácter rumano. “Estoy muy contenta, tengo un montón de amigos españoles”, dice, y reconoce que ahora los ve “muy educados”. Esa tranquilidad le llevó, gracias a una amiga, a participar en Miss Diáspora. “Nunca me imaginé presentarme”, explica. Sin embargo, de las cinco candidatas que concurrieron en España, fue elegida y viajó a su país. “No me lo creía”, reconoce. Sesiones de fotos interminables, madrugones a las cuatro de la mañana, clases de baile, jornadas de aprendizaje para desfi lar, pases en bañador, pasarela y más fotos.

Así transcurrieron los días, alojadas en un hotel en su Rumanía natal. “En España el concurso es fácil, todo fue bien, pero en mi país fue distinto, muy duro, muy sacrifi cado”, comenta Georgiana. Aspiraciones En general, la experiencia fue buena para ella. Sin embargo, no se muestra muy entusiasmada con ese mundo. El hecho de ganar Miss Diáspora Iberia no le garantiza ningún contrato, simplemente es una manera de darse a conocer. “Yo no volvería a participar. Si las chicas quieren hacerlo, es una experiencia única, pero te tienes que aguantar mucho, es muy estricto. En mi país fue como volver a un colegio y estar interna”, cuenta. Mientras, ella sigue cursando estudios de Relaciones Públicas, compaginándolos con sus trabajos en discotecas y como azafata. “Me gustaría abrir una tienda de modas, o una peluquería, siempre de cara al público, con el que me encanta relacionarme”, asegura. Incluso el mundo de la televisión tampoco le desagrada, y ahí su referente es la periodista Mercedes Milá, “llena de carácter”, dice la miss.

Para Georgiana, la clave en la integración “es saber respetar las costumbres, trabajar y entender el carácter de la gente del país al que vas”. Por eso, a pesar de las complicaciones por la crisis, piensa que en España “se vive mejor”, y lo que más le gusta es “cómo te trata la gente, con mucho respeto y amabilidad”. Estas refl exiones le llevan a considerar “bien” la deportación de los gitanos rumanos expulsados de Francia, y se explica: “No soy racista, pero los gitanos tienen mala fama, y si van a un país, deben respetar lo que hay allí y trabajar. Si no fuera así, entonces debieran expulsarles, pero como creo que no ha sido así, es correcta la decisión del Gobierno francés”.

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