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Las inmigrantes se aficionan al ‘fitness’ |
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Acesop imparte todos los días clases para mujeres de cualquier edad y nacionalidad. ELENA PRIETO LANDALUCE Son casi las tres de la tarde y, como cada día, la sede de la Associació Cultural Educativa i Social Operativa de Dones Pakistaneses (Acesop), ubicada en una céntrica calle del Raval, va llenándose. Hay clase de fi tness y, tras los saludos iniciales, las mujeres van despojándose de su ropa de calle y poniéndose su atuendo deportivo. Las colchonetillas que esperan en una esquina de la sala van ocupando sus posiciones y las mujeres, sentadas sobre ellas, hablan sin parar hasta que entra la profesora. Hoy, será la presidenta de la asociación, Huma Jamshed, la que dé la clase. La titular no ha podido venir. Todas las mujeres descalzas y de pie sobre su colchoneta siguen con atención las explicaciones de los ejercicios de calentamiento. Y las repiten. Primero, la parte inferior del cuerpo; luego, la superior. Mueven pies, piernas, brazos y cuellos en movimientos circulares. Alguna sonrisa tímida dibuja sus rostros. Pero eso no impide que su concentración sea absoluta. Ya tumbadas, comienzan con ejercicios más intensos. La respiración esforzada comienza a oírse entre las direcciones de Jamshed, que, en castellano, va explicando y corrigiendo aquellas posturas que no son ejecutadas correctamente. “Con el fi tness se abre nuestra mente”, explica Jamshed sobre la elección de esta actividad en la sede de la asociación que preside. “Las mujeres socializan más y, además, después de hacer este ejercicio físico, tienen más ganas de hacer otras cosas”, asegura. “Llevamos año y medio dando estas clases y la respuesta ha sido muy buena. Al principio conseguí un buen precio en un gimnasio de aquí cerca, pero las mujeres no iban cada día. Además allí no se sentían tan cómodas. Cuando se acabó el tema del gimnasio, muchas de ellas me mostraron sus ganas de continuar, así que decidí hacer las clases en nuestra sede”, relata Jamshed. Casi como en casa Y la verdad es que ésta parece una buena idea, porque se palpa en el ambiente que las mujeres aquí se sienten como en su propia casa y eso repercute en la constancia de acudir a su cita diaria con el ejercicio físico. Pero lo cierto es que, al principio, tuvieron que superar algún obstáculo ajeno a ellas. “Ahora ya hemos superado la etapa de tener que pedir permiso para venir”, reconoce la presidenta de Acesop. Una de las asistentes a las clases, que no quiere identifi carse porque prefi ere que sus “cuñados no se enteren”, asegura que viene cada día desde hace cuatro meses porque está “muy gorda”, dice entre risas y gesticulando con las manos al mismo tiempo. “Quiero estar más delgada”, añade coqueta. Tiene “casi 40 años” y cinco hijos. Además, tiene a su cargo dos niños más de la otra mujer de su marido, que vive en Pakistán. Pero, a pesar de que sus jornadas de ama de casa son interminables, intenta buscar un hueco para sus clases. “Además, también vengo a aprender castellano”, dice orgullosa. Se ven más gordas Jamshed explica que la inmensa mayoría de las mujeres pakistaníes “están acomplejadas con su físico. Las mujeres autóctonas están más delgadas y ellas, cuando llegan aquí, se ven más gordas de lo que se veían en Pakistán”. Israt Jahan, una joven de 24 años de Bangladés, es otra de las participantes en estas clases. Ella bromea sobre la dieta mediterránea. “No sé qué tiene la comida aquí, que nos pone más gordas”. Por eso viene “cada día” y lo ha notado mucho. “He perdido ya dos kilos y medio”, comenta orgullosa. La sesión del día ya se acerca a su fi n. Pero antes hay que hacer las temidas abdominales. Algunas toman un descanso, para después continuar. El llanto del bebé de una de ellas, que espera sentado en su carrito en el pasillo, interrumpe el silencio. Su madre le echa un vistazo y, entendiendo que las lágrimas no son pasajeras, se levanta y se lo lleva con ella a su colchonetilla. El pequeño mira atentamente a su alrededor. Con los ojos bien abiertos, observa sin perder detalle a todas esas mujeres que, al unísono, hacen extraños movimientos. Sonríe con asombro y se quita el chupete. Mientras tanto, todas las mujeres vuelven a ponerse de pie y, tras unos leves ejercicios de respiración, fi nalizan la sesión. Las colchonetillas vuelven a amontonarse en el mismo rincón. Mañana a la misma hora, volverán a abandonarlo. ACESOP C/Carme 34-Princ. 1ª Tel.: 93 185 56 80 / 93 185 56 81 |






