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Jueves, 04 de Febrero de 2010 20:17   
La recesión está poniendo a prueba la tolerancia española hacia una elevada inmigración
España
bulgarosEsta semana el prestigioso semanario The Economist analiza la reciente polémica provocada por la iniciativa de un ayuntamiento catalán con respecto a la las leyes de inmigración.

Se trata de un conocido grito contra la inmigración. Simplemente no hay suficiente espacio para todo el mundo, declaraba Alicia Sánchez Camacho, líder del Partido Popular (PP) en Cataluña, donde próximamente tendrán lugar las elecciones.

La queja de Alicia ha llegado un poco tarde. La oleada de inmigrantes en España que se viene dando desde hace una década ha alcanzado un parón drástico. El número de extranjeros en edad de trabajar comenzó a caer en la segunda mitad de 2009. La recesión ha demostrado ser mucho más efectiva que la policía en poner freno al flujo de entrada. Un país en el que el desempleo ha superado los 4 millones y se encamina hacia una tasa del 20% es una apuesta poco atractiva para los inmigrantes. De hecho, las previsiones del mercado laboral hacen más probable más disminuciones en el número de inmigrantes.

Por tanto, ¿por qué el PP está sacando a discusión lo que es, en términos españoles, el novedoso monstruo de la inmigración? Para ser justos, otros llegaron antes. Una coalición de nacionalistas catalanes, separatistas y socialistas que gobiernan el ayuntamiento de Vic, en Cataluña, pusieron a los inmigrantes en el centro del debate con un plan controvertido para excluir a algunos inmigrantes de los registros municipales de residentes. El plan de Vic fue similar a otro ya en marcha en Torrejón de Ardoz, un suburbio de Madrid gobernado por el PP.

Esta polémica ha provocado controversia en un país que se muestra orgulloso por  ser hospitalario con la inmigración. El empadronamiento municipal garantiza el acceso a los servicios públicos de sanidad y educación de forma gratuita. El gobierno no va a consentir que la argucia de este ayuntamiento prive a las familias inmigrantes de sus derechos a la sanidad o la educación de sus hijos, afirmó al respecto el Presidente del Gobierno socialista, José Luis Rodríguez Zapatero. Hasta 2,5 millones de inmigrantes han llegado a España desde que el actual presidente tomó posesión del cargo en 2004.   

Tanto el ayuntamiento de Vic como el de Torrejón de Ardoz finalmente dieron marcha atrás, pero aún así la revuelta persiste. Los ayuntamientos están obligados a empadronar incluso a los inmigrantes ilegales. Ahora varios partidos políticos están compitiendo para parecer más estrictos. Entre ellos se incluyen el PP y Convergencia y Unión (CiU), el principal partido nacionalista catalán. La ley tiene que cambiarse, declara el líder del PP, Mariano Rajoy, quien alega que hay demasiados ilegales. Mientras tanto, CiU propone un sistema mal definido basado en recompensar a los inmigrantes que “se portan bien”.  

Los críticos alegan que se trata de un alarmismo innecesario. El boom de la última década ha visto aumentar la población inmigrante de un 2% sobre el total a un 12%, o lo que es lo mismo, 5,6 millones. Los inmigrantes han contribuido en gran parte al éxito económico de España. Con el flujo de entrada de nuevos trabajadores, España llegó a niveles de inmigración similares a los de otros grandes países europeos, pero en una cuarta parte del tiempo. La integración ha sido sólo un éxito parcial. Por ejemplo, no hay casi oficiales de policía inmigrantes. Los africanos negros todavía se encuentran con que se les deniega la entrada a algunos locales nocturnos. Pero los roces son mínimos. Incluso en Vic, donde un partido anti- inmigrantes fue el segundo en las elecciones locales, una encuesta puso a los inmigrantes (que constituyen el 23% de la población) por detrás de los parques y aparcamientos como problema de preocupación local.  

Las perspectivas para los inmigrantes españoles, sin embargo, se han deteriorado drásticamente. Su tasa de desempleo, en un 30%, está muy por encima de la media nacional. España podría tener un cuarto de millón menos de desempleados si hubiera cerrado sus puertas cuando comenzaron las serias pérdidas de puestos de trabajo en 2008. Éste es el número de inmigrantes que vinieron para buscar trabajos que nunca encontraron. Anteriormente, algunos han intentado y han fracasado en hacer de la inmigración un tema político. Pero un cambio radical en las actitudes políticas puede estar en camino. Joaquín Arango, de la Universidad Complutense de Madrid, señala que el PP es una excepción en la derecha europea, ya que no ha convertido la inmigración en un campo de batalla político. Sería natural que la derecha se comportara más como en otros lugares, comenta Joaquín. Por el momento, los españoles recuerdan su propia experiencia reciente en emigración; no se muestran deseosos en mantener disputas relacionadas con la inmigración. Pero la recesión y la competición por encontrar trabajos podría alterar este sentimiento.

Comentarios (2)

VA A SER QUE NO
La mucha inmigracion .........mata la inmigracion

os estais dando cuenta no????
SANTIAGO Y CIERRA ESPAÑA , febrero 15, 2010
que?
Ya vinimos demasiados a este pais,algunos venimos a trabajar y adaptarnos pero otros han venido a la chingadera de sus madres ,como dicen aqui a robar y a aprovecharse de todo gratis,espero que por bien de los migrantes honrados expulsen a toda esta bandada de delincuentes¡
NEREA sotillo morales , febrero 12, 2010

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