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nov 03
2010

Los frutos

Escrito por Jordi in Sin etiquetar 

Jordi

Mi paso por aquí siempre ha sido para mí como una forma de sembrar: sin prisa, pero sin pausa, solía dedicarme a injertar mis semillas. Me he dado cuenta recientemente que nada de lo que puedas plantar crecerá jamás sano y fuerte si no eres lo suficientemente constante para mimarlo cada día: es un craso error. Pero asumir los errores es importante. Pero aprender de los errores es importante. Así que toca aplicarse el cuento. Mañana regaré.

ago 03
2010

Casi un año...

Escrito por Jordi in "Sí", el periódico de los inmigrantes

Jordi

Hace ya casi un año que comencé a escribir un blog por primera vez. Fue justo aquí, en esta página. Desde entonces, muchos textos, no todos satisfactorios; mucho que contar, aunque no todo pudo ser contado. Y, luego, de repente, meses de vacío. Mucho trabajo, mudanzas, proyectos, aventuras: y los minutos libres redireccionados a otras prioridades. Aparcado el cuaderno de bitácora, y otras actividades sociales, hay que reconocer, la sensación de satisfacción por los logros se ha visto empañada por la escasez de humanidad y por la parquedad en la expresión; eso no está bien. No. No lo está. Así que, a modo de penitencia, he decidido arrancar nuevamente con buenas costumbres. Desahogarse escribiendo me ha parecido una de las irrenunciables. Por aquí andaré.

feb 04
2010

El miedo vs Las cosas buenas de la vida

Escrito por Jordi in "Sí", el periódico de los inmigrantes

Jordi

La vida está llena de cosas buenas. Están ahí. Esperándonos, deseando que nos acerquemos y las tomemos, sin miramientos. El problema es que, a menudo, nos olvidamos de cogerlas. Pasamos tan deprisa que, al alargar la mano, estamos tan lejos que apenas si podemos rozarlas. Esto sucede.

feb 02
2010

Actualizarse: y gracias...

Escrito por Jordi in "Sí", el periódico de los inmigrantes

Jordi

Si tuviera una bola mágica, de esas fantasmagóricas de tugurio ambulante, podría ver más allá de las palabras y quizás, sólo quizás, entender. Aunque eso tampoco podría asegurarlo. Me temo. Recuerdo cuando palabras (lugares) como FaceBook me sonaban, sólo me sonaban, pero como algo remoto, lejano. Un ignoto enclave digital dónde compartir algo que no tienes tiempo, o ganas, de compartir en persona. Y ahora, como quién no quiere la cosa, que por ahí ando.

ene 25
2010

Érase una vez...

Escrito por Jordi in "Sí", el periódico de los inmigrantes

Jordi

"Érase una vez...", comenzó a leer. Su hija estaba recostada en la cama. Los ojos abiertos como platos. Llenos de vida y curiosidad. Era el mismo cuento de hace dos semanas. La misma historia de princesas con final feliz. Pero a ella le gustaba. Y él la leía. Una y otra vez. Cuantas veces fuera necesario. "Y fueron felices para siempre". El tiempo había volado. Voces y más voces. Chillonas para los malos de los libros. Profundas y pausadas para la narración. Dulces para las princesas. Divertidas para los secundarios amables, y también los burlones. Varoniles para los príncipes, los adalides, los adanes.

ene 22
2010

Un cuento

Escrito por Jordi in "Sí", el periódico de los inmigrantes

Jordi

Había una vez un niño, juguetón y travieso, sórdido y necio, que tenía mil pesadillas y un sólo sueño, un sueño que no conocía, que no recordaba, un sueño borroso que se esfumaba con las luces del alba. Pero era su sueño.

ene 21
2010

¿No he escrito yo esto antes?

Escrito por Jordi in "Sí", el periódico de los inmigrantes

Jordi

Sentimientos. Sentimientos impresos.

ene 20
2010

El mundo pequeño

Escrito por Jordi in "Sí", el periódico de los inmigrantes

Jordi

Dicen que existe una tierra prometida, más allá del horizonte, lejos, parece, dónde la gente se mira a los ojos sin apartar la vista, sin vergüenza, sin acritud. Dicen también, aunque con la boca mucho más pequeña, nadie sabe por qué será, que en ese lugar los orfebres trivializan en amigables charlas sobre el significado de las inscripciones en las lápidas, y los belitres, en vías de extinción, redimen sus pecados cubriéndose los ojos con pecina hasta llorar sangre: por no ver la dicha en los rostros de los penitentes: todo vale para un felón: mancillar con sus cochambres los resquicios del mundo. Palabrería vana: ¿dónde?, ¡¿dónde?! Mi mundo es pequeño, y lleva una chaqueta de cuadros verdes. Sonríe. Sonríe siempre. Y me mira curiosa y altiva, naricita arriba casi a ras del suelo. Ella es un lazo sobre la cabeza de Blancanieves. Es un pirata de bigote rotulado, casaca y sombrero imaginarios. Ella es la princesa, es la rana, el final de cuento, y el albor, el delirio y la prosa. Salta sin parar, empujada por una inexistente comezón. Y habla palabras que nadie entiende, en contextos que nadie entiende. Y se emboba cuando debería comer. Mi mundo es mi paraíso. Y en él se dan cita mis conmociones. ¿Palabrería vana?, ¿horizonte lejano? Cada cual encuentra su tierra prometida. Pero hay que saber buscarla. Como las motivaciones. Hablé de motivaciones: y recibí un completo listado truncado: "no quiero sucedáneos, no podría conformarme. No quiero nada práctico, es aburrido. No quiero un contigo pero sin ti. Lo quiero todo": a mi me motivas tú. Ahora tú. No recuerdo que me motivó ayer. No puedo adivinar que lo hará mañana. Ni quiero. Aquí. Ahora. Forman parte de mi mundo. De mi pequeño mundo. Todo lo demás es fútil, vacuo, insustancial. Todo lo demás en una inmensa nada. 

ene 19
2010

Vivir en general

Escrito por Jordi in "Sí", el periódico de los inmigrantes

Jordi

Leónidas. Yo soy Leónidas. Impávido. Defendiendo irreductible el estrecho paso de las Termópilas ante los incesantes ataques de las sanguinarias tropas de Jerjes. Defendiendo mi Esparta. A mi esposa. A mi hijo. Mi tierra. Mi gente. Todos somos Leónidas. Todos estamos locos de ira y de confusión. ¿Quién soy? Preguntas. Tú me preguntas. Italia. También soy Italia. Bota de vino, locura. Campos de trigo. Aceitunas verdes. Y viñas. Mafia, corrupción. ¿Qué defendía Leónidas?, ¿qué le indujo a sacrificarse, sacrificar a su gente, amigos?, ¿Esparta?, ¿o era más bien su orgullo, su dignidad malentendida?, ¿su refugio interior? Pregunta tramposa. Mis Termópilas protegen un jardín, en el que nadie entra. Un jardín frondoso. Mi isla de Ogigia. Llena de historias oscuras. Y también brillantes. Vidas ajenas. Flores. Escarcha y sombras. No sabes quién soy. Mi Leónidas embadurnado de vísceras persas debería pensar en jubilarse entonces. O acostumbrarnos a ambos, a él y a mí, a la tranquilidad solitaria de la muerte. Empezar a ahorrar para pagar la tasa de Caronte. Es la eterna guerra de los Arimaspos contra los Grifos. Que te conduce al punto ciego en el que estás, pareces estar, a salvo de las amenazas de Caribdis y Escila. ¿Quién soy? Buscador. Pendenciero. Botarate. Soy miles y ninguno. Leónidas, sí, pero también Efialtes.
 
Al menos ya no nieva.
 
Y mi viaje a Granada será tranquilo. Y mi niña soplará las velas de mi tarta. Una tarta dulce. Esponjosa. Sí que soy mayor. Y un niño. Pero me ha gustado mucho el trayecto hasta ahora. Con todo. Mucho que contar. Mucho que escuchar también. Y aún tiempo por delante para parafrasear clásicos, besar ninfas, amar intensamente, si fuera posible: vivir en general.

ene 18
2010

Transeúntes

Escrito por Jordi in "Sí", el periódico de los inmigrantes

Jordi

Somos transeúntes. Nada más. Nos encantaría poder disfrutar de privilegios, pero, al final, sólo deambulamos por aquí. Nada más. Y nuestros pasos nos llevan de acá para allá, a lugares a los que nos gustaría no tener que ir. Y nos llevan a lugares de los que no nos gustaría tener que volver. Extraños paraísos. La palabra operativa es extraños. Tuve la suerte de estar perdido en un paraíso. Me gustaría regresar. No importa la timidez. Ni el frío. Sólo esa ternura de mentes en contacto. De palabras. De frases tímidas. Disfruté. Intuyo que podría disfrutar más. Porque hay una complicidad que no terminó de estallar. Pero ahí estaba. Pendiente. Expectante. Agazapada. Vendrá. Todo lo bueno se hace esperar. Pero vendrá.