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sep 06
2010

¡Y a mí, qué!

Escrito por: Gonzalo Castillero

Gonzalo Castillero

Romualdo es un anciano venerable que vive en un pequeño pueblo del ámbito rural español. Tiene una pila de años. Algunos dicen que incluso bordea los cien, todo un récord de longevidad que pocos se explican allí.

El abuelo del pueblo ha sobrevivido a la mitad de sus vecinos, a su propia mujer y hasta a alguno de sus hijos, pero mantiene la misma vitalidad y las ganas de seguir adelante de un chaval.

Los que le conocen se quedan perplejos. Son muchos los que quieren conocer el secreto para alcanzar su edad en tan buen estado. Hay quien piensa que se debe a un pacto con el diablo, pero es que Romualdo no conoce lo que es el estrés ni la infelicidad. 

Un día, alguien se acercó al anciano y le preguntó qué hacía para conservarse tan bien. El viejo miró con extrañeza a su interlocutor, pensó unos breves segundos y contestó: “Cada mañana me levanto de la cama, salgo desnudo al balcón y digo: ¡y a mí, qué!”.

Nada más sencillo como eso. ¿Se imaginan ustedes que pusiéramos en práctica el mecanismo anti estrés del viejo Romualdo? No digo lo de salir en pelota picada al balcón, Dios me libre, que no quiero un escándalo público. Me refiero a ese ¡y a mí, qué!

Que sube el IVA... ¡Y a mí, qué! Que hay crisis y el Gobierno ni está ni se le espera... ¡Y a mí, qué! Que mi equipo de fútbol favorito no gana ni a las chapas y sigue jugando tan mal como la temporada pasada... ¡Y a mí, qué! Que vuelve a subir el Euribor y la hipoteca nos ahoga... ¡Y a mí, qué!

Cuánta razón tiene Romualdo. Y cuando alguien lea esto, dirá: ¡Y a mí, qué!

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